miércoles, 9 de febrero de 2022

Viajar ligero de equipaje

 Venía en el metro pensando en las personas que van y vienen del trabajo ligeros de equipaje y de cosas en las manos. Con suerte celular, llaves, billetera. A veces audífonos, a veces no. Eso replicado a viajes largos o viajes cortos, desplazamientos significativos o de menor impacto, es todo lo contrario a lo que elegí despistadamente el día en que asumí que la naturaleza propia implica un constante movimiento junto a objetos esenciales. Como ejercicio, trato en algunas ocasiones de salir ligero de equipaje, y pocas veces lo consigo.

Son completamente estoicos y no lo saben. Quienes fracasaremos en ese intento, deliberadamente elegimos una mochila, una agenda, libros sin leer, lápices, basura, monedas, audífonos que alguna vez se enredaron y luego solo quedaron ahí sin carga, chicles, carpetas, documentos, boletas, cargadores, golosinas, más basura, como una metáfora de asumir un peso que nadie nos asignó y que elegimos como acto inverosímil. 

Lo anterior aplica a las carencias, miedos, frustraciones, vacíos, confusiones, esperanzas, alivios, dolores y resentimientos, en un espiral que nunca pondera lo que es de acá y lo que es de allá, solo asume enfrentar al mundo, adentro de una canaleta que tiene hojas acumuladas que no permitirán fluidez alguna. Se puede pensar que quienes viajan ligeros de equipaje tiene menos herramientas para enfrentar las dificultades, versus quienes deciden acompañarse de objetos de todo tipo, pero es probable que gocen de mayor claridad y perspectiva al decidir, respecto de quienes reaccionarán empleando alguno de los múltiples objetos acumulados, en una mayor probabilidad de confusión y acciones erráticas. 

jueves, 22 de julio de 2021

Varios años después

Hace varios años olvidé este lugar en donde solía escribir. Incluso escribí muchas entradas que quedaron en los borradores, inconclusas, a la espera de algo que debía ser agregado antes de publicar. Al igual que esa espera, las propias fueron aconteciendo simultáneamente. Cada cierto tiempo volví a leerme, con la esperanza de encontrar algún indicio que me permitiera retomar la capacidad de sentarme a escribir espontáneamente. Lo cierto, es que me transformé en una persona domesticada y sometida a escribir bajo remuneración o al menos bajo una recompensa o propósito definido. Simplemente dejé de escribir por escribir, como cuando tenía mayor capacidad de soñar despierto. No sé si eso equivale o no a una traición, o si en la cultura imperante es susceptible de una funa, en este caso, una autofuna. Mi yo del presente le dice a mi yo del futuro, que hubo un pasado en el que disfrutaba escribir como acto y no como resultado.  He ido pensando que eso tiene que ver necesariamente con pagar las cuentas y sobrevivir. O de ambicionar otros resultados que requieren medios materiales de los que carezco de forma autónoma y en los que indefectiblemente debo vender años de energía vital. Como sea, si se trata o una de una traición que merezca un desprecio interno, o si el solo hecho de imaginar que estamos en presencia de una contradicción con la que hay que aprender a convivir, me hace adoptar una postura radical de indiferencia aunque sea falsa. Una impostura. El sticker de whatsapp del profesor Massa diciendo "Me importa una galaxia de picos". 
Todos los problemas o los miedos del pasado desde este tiempo parecen ajenos, sea porque han cambiado los objetivos, las metas, los anhelos y las vacilaciones, sea porque asumimos una forma racional de expresar las ideas que nos conducen a los días normales. De manera que en concreto, somos una expresión parecida a nuestros días normales. Así fue como en los últimos años fui perdiendo la capacidad de asombro, la ingenuidad, la confianza en los otros, la creatividad y el compromiso propio con aquello que alguna vez fue mi refugio cuando de verdad no tenía nada y me aferraba a palabras escritas en cuadernos, archivos y lugares insospechados. 
Vuelvo a si eso constituye una traición, o simplemente se trata de un olvido amplificado por el tiempo y la ausencia de voluntad por desplegar algo, o son etapas sucesivas o ciclos, o una idea anticipada de ser pragmático. Me conformo con el simple hecho de al menos detenerme en medio de todo y pensarlo, y no como una respuesta autocomplaciente, sino como un alivio. Un suspiro. Un meme de uno mismo.

Es cierto que el insomnio contribuye a escribir cuando el silencio de la noche me permite concentrar un punto fijo. Los días normales hacen que olvide que el solo hecho de tipear cosas sin rumbo determinado constituye en si misma una forma de libertad que no ha dejado de pertenecerme. Podemos estar domesticados a escribir ideas sobre correos y archivos bajo una remuneración, y podemos ser perfectamente la expresión más cercana a todo el contenido que ha sido plasmado ahí, pero no hemos olvidado del todo que existe una inquietud, una duda pertinente, un trozo de vidrio quebrado que se aloja en nuestras cavidades y que cada cierto tiempo duele o molesta.
No tengo claro si voy a seguir escribiendo los próximos días o semanas. O si volverán a pasar más de cuatro años para sentarme y escribir algo aquí. O si volveré a leer cosas que escribió una persona distinta a mi pero que soy yo mismo con algún nuevo defecto o una moraleja ridícula pero satisfactoria. De manera que es la madrugada correcta para esbozar algo al respecto. 

A pesar de que nunca he dejado de pasarla bien ni he dejado de reír prácticamente todo, a la vez  he ido adoptando la seriedad que tienen esos señores que tantas veces miré con lejanía y desconfianza, y no precisamente porque haya que pagar las cuentas y sobrevivir. Es un acto reflejo. Es una constatación, de que lo que alguna vez pudo resultar superioridad moral o impugnación de los otros frente a su tiempo, y hoy me resultan actos inverosímiles y absurdos. Y para no seguirlo planteando en abstracto, conviene decir que como participante activo de las movilizaciones estudiantiles de los años 2006 y 2007 - cuando este blog gozaba de su mayor popularidad y lectores continuos- y del año 2011 - cuando el otro blog había sido descontinuado por vergüenza a una forma adolescente de escribir- siempre supe que la expresión futura de toda esa energía irradiada en el tiempo terminaría por decepcionarme estrepitosamente. Y frente a esta cuestión, importan más los actos que los resultados. 
Puedo sentirme feliz porque se escribirá una Constitución nacida en democracia, paritaria, por personas elegidas popularmente y que se parecen mucho más a la realidad de un país contradictorio y menos triste de lo que pensábamos que éramos antes de esto. Pienso en la tía Pikachu y algo de esperanza de pronto se ilumina, como si la idea de que una persona sometida a la mayor normalidad posible de pronto rompió los esquemas sumida en estructuras que iban cayendo y que sin darse cuenta la ubicaron en un escenario de la historia, frente a un tipo de público, al hay que responder improvisando por la intuición y el sentimiento, dado que la razón y el miedo han prevalecido demasiado tiempo y ya no son tolerables ni como excusas naturales. Y nos entregamos a ese resultado en si mismo, sin importar los actos. Pongo ese ejemplo, no solo por representativo, curioso o chistoso, sino porque la persona que lo encarna tiene un corazón noble y no se encuentra contaminado por la tensión de las hegemonías o corrientes en disputa a través de la inmediatez. 
De pronto, veo a mi generación y las que la sucedieron en esas luchas o movilizaciones articulando ese nuevo destino, o soñando con esa capacidad o voluntarismo que a mi igual me gustaría tener sobre las cosas que se vienen, y me amargo. No porque crea tener la razón sobre algún tema en específico, o porque el ser portadores de la luz me resulte algo ingenuo y propio de la trayectoria vital que más temprano que tarde terminará por desmoronarse, sino porque la cultura que crece me parece sumamente patética y triste. Veo a las mentes y capacidades más desarrolladas de mi generación sometidas a esta cultura de la cancelación y el miedo, a la corrección en todas las formas posibles, abandonando la legítima capacidad para corregir conductas tóxicas o nocivas para pasar a una ofensiva de uniformidad solapada, en donde los dilemas maniqueos están a la orden de cada día, en donde las apariencias guardan mayor peso que nunca antes, y en donde incluso la hipocresía me resulta más hipócrita que cuando instituciones conservadoras o añejas fijaban los estándares al tiempo que se comportaban abiertamente contrarias a esos postulados. Cada vez me resulta más deprimente vivir en un tiempo en donde la conversación genuina es reemplazada por respuestas o posturas automatizadas, más allá de los algoritmos que nos predicen los contenidos de las redes sociales que vamos visualizando, sino el solo hecho de estar a merced de no ser lo suficientemente libres como para ser sinceros sin miedo a una represalia moderna, o a que en un futuro seamos contrastados frente a un pasado determinado. A veces solo espero estar presenciando una transición hacia una sociedad más humanizada en la que imperan elementos como los descritos, pero a la vez solo observo decadencia en la manera en que se asumen las ideas. Cuando más conocimiento acumulamos y tuvimos a disposición, volvimos a una racionalidad gobernada por emociones desdibujadas, y en verdad los problemas concretos de lo físico y espiritual, han quedado detenidos a pesar de que el desarrollo tecnológico nos ha empujada a cambiar nuestro comportamiento hacia esa interacción virtual como un espacio natural y neutro, cuando difícilmente puede serlo. 
No es que tenga una respuesta para esto. En realidad cada día entiendo menos. No me molesta no entenderlo, creo que lo que me molesta es que una parte de las personas que si lo entienden - o al menos aparentan entenderlo de forma más sofisticada- se hayan vuelto tan dogmáticos para ello. Tampoco me compro esos pescaos podridos de términos como la neoinquisición o nuevas dictaduras, y que llegará un día en que estaremos sometidos a un control sobre nuestros contenidos expresados, porque eso es una mera animadversión a la realidad concreta. Leí el otro día a alguien que se preguntaba, cómo los historiadores van a describir este periodo en el futuro, y pensé en lo absurdo que vamos a parecer todos opinando sobre estos dilemas que nos tienen atrapados en una pugna cultural que en realidad nunca lo fue, pero que desgastó las mentes más brillantes de mi tiempo en cosas que no valían la pena. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

El ánimo contemplativo

La sensación de ir mirando por la ventana de un vehículo que avanza por el litoral central es como volver a lo que más amé de mi infancia. 
Desde chico me obsesionaron las calles y las rutas, trataba de comprender cada pueblo y lugar, porqué las casas de un lugar se diferenciaban de otras, porqué los barrios pobres escondían cosas más interesantes que aquellos lugares de mejor aspecto. Disfrutaba mucho mirar por la camioneta el antiguo camino a Melipilla, los árboles, los autos contiguos, las señoras vendiendo tortillas y pasteles, el charqui y un sorbo de coca cola, todo eso que se esfumó cuando unos años después apareció la autopista del sol. Puedo precisar incluso algunas conversaciones, aunque eran años menos aproblemados, por algún motivo un tiempo más feliz, el que lograba reunirnos a todos en ese lugar y en donde mi comprensión de niño era un poco más desarrollada gracias a mi espíritu callejero e inquieto. Por lo mismo siempre supe que todo eso tarde o temprano se acabaría, que los años harían que todas las personas que estaban ahí reunidas por distintas razones terminaran separadas, y lo que me producía tristeza era el hecho de que no podría volver a recorrer y ser feliz por esas escaleras y en esa terraza de color calipso, en donde el mar parecía quedarse quieto como en los cuadros o las postales más insípidas que existen. Debe ser por eso que el contemplar acercarme a ese lugar me produce tal nostalgia, pues a pesar de todo, sé que volveré a ese lugar a consagrar mis anhelos de una y otra manera.

Levantarse en la mañana y que esté mi abuela contenta atendiéndonos a todos, pan tostado con palta, pastelitos, el taca taca en la terraza, los caracoles en la pileta y los peces rojos, blancos, negros, amarillos y algunos con escamas azules, que nadan de un lugar a otro conforme alguna sombra se posa sobre ellos. Por eso mismo hace algunos años trace como objetivo volver a esa casa, como dueño de ella, no importando quien deba vendérmela ni cuanto deba pagar por ella, para construir en ella mi refugio, mi lugar donde poder estar en paz, en donde volver a ser ese niño que sabía que las cosas del mundo eran complejas a pesar de que solo me dedicara a jugar. Y aunque a ratos me perturba la idea de tener que dedicar parte importante del tiempoa solo a ganar dinero, quiero generar lo suficiente para que lo antes posible pueda concretar este anhelo, y recibir por fin en esa casa a mis amigos y parientes, con orgullo y con el corazón tranquilo. 

Supongo que saber lo que se quiere y trabajar por ello, es algo que al menos me ayuda a no perder mi tiempo en cosas que la mayoría del tiempo no tienen sentido.

lunes, 16 de mayo de 2016

Biblioteca de Santiago

¿Por qué será que uno vuelve a los lugares donde fue y será feliz? pienso mientras voy caminando por el pasillo de poesía chilena, como si se tratase de la misma imagen en distintos momentos en un lapso de 10 años, vestido de escolar, universitario desarraigado, egresado vacilante, estudiante cautivo, abogado principiante, enamorado empedernido y continuo. 

Tomo algunos libros que me parecen tan familiares, sé que alguna vez los tuve en las manos cuando eran nuevos, poca gente entraba a esa sala y soñaba cosas mirando por la misma ventana.  

Pienso en cosas que me gustaría que pasaran estos próximos diez años, en los rostros que apreciaré cada día, en las nuevas canciones y los poemas que no dejaré de escribir. Seguramente volveré a pasar por el mismo pasillo, haciendo el recorrido del constructor de esperanza que no se rinde, habré librado nuevas batallas, ganando y perdiendo, comprendiendo el imperio de la alternancia como hasta ahora.

Lo importante es que volveré al mismo lugar donde soy feliz, donde fui y seré feliz, y contigo de la mano.

martes, 26 de abril de 2016

Regreso a casa

Venía reflexionando que hace algunos meses anhelaba cerrar pronto una etapa para estar en esta, en donde sueño más libremente, avocándome a tareas cotidianas, ganándole un poco al desaliento imperante, tomando el peso de lo relevante en silencio, sigilioso de las señales de cada tiempo. En ese constante ir y venir que tienen algunos pensamientos o preguntas frecuentes, del hombre caminando que conversa consigo mismo, pensaba si estaba o no haciendo lo correcto. Empecé a estudiar chino tres veces por semana, los martes y jueves voy a clases de filosofía después de la jornada, experimentando en todo ello un desarrollo del espíritu comprobable en la felicidad de llegar cansado a la casa. La política ocupa gran parte de mi tiempo, el estudio del derecho, la lectura, la contemplación de lugares, la tranquilidad de sentarse en alguna parte de esta ciudad a esperar algo que todavia no acontece pero que viene conforme al esfuerzo y la paciencia.

Pensaba en mis hermanos y sus anhelos, en mi familia y la paz de su ajetreo liviano de cada dia. En mis amigos y su diversidad de intereses, en este reencuentro con la fraternidad y todo el mundo laico. En esa conversación invisible del humanismo cristiano y laico que pocos han logrado valorar. Me daba risa que todos los puentes y caminos me hagan transitar constantemente entre tantas personas maravillosas.

Pensé en algunas mujeres que conoci estos últimos meses, en las posibilidades, en las que son serias y en las que solo pretendería encontrar su cariño y algo más que eso. Divagué en los hombros delicados de la última con la que desperté, tratando de establecer los pasos necesarios para volver a repetir eso y entonces cai en la disyuntiva de siempre. Me vi dividido entre dos mujeres, recordé la forma en la que miran a los ojos cuando hablan y no le creí a ninguna.

martes, 19 de enero de 2016

Los finales

Un hombre trata de comprender a una mujer mirándola a los ojos mientras ella habla cosas sin importancia. En ese mismo instante compara su mirada perdida con la de otras mujeres prescindiendo de lo bien o mal que lo han tratado. Sabe que si está perdiendo el tiempo, al menos esa costumbre no le es indiferente. Que tarde o temprano advertirá su intuición acerca de lo que corresponde o no. 

Cuando no corresponda sabrá hacer las jugadas necesarias para dejarla caer. Sin inmutarse esperará el rol activo de ella, fingirá tener mucha pena, no haber querido un descelace como ése, pero respirará aliviado de no tener que cargar con algo que no le es propio. Al otro día recogerá los pedazos de un corazón que ya estaba roto desde antes, y cada carcajada sanará lo que tenga que sanar. 

Fume o no, decidirá fumar en el momento indicado. La capacidad de racionalizarlo todo no es fácil, pero al cabo es una manera de asumir la responsabilidad que implica el hecho de querer. Suena sencillo, y lo es, porque es una forma de asumir anticipadamente que en la vida impera la alternancia.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Palabras Humberto Burotto - 5 de abril


Dedico esta nota a aquellos que al igual que yo salieron a las calles a protestar contra la dictadura.
A aquellos que fueron perseguidos, a los que estuvimos presos.
A aquellos que fuimos torturados y/o exiliados por causa de la justicia.
Se me vienen a la mente los miles de estudiantes que lo arriesgaron todo por la libertad de nuestra patria. O a aquellos jóvenes, adultos y viejos que salimos a las calles caminando de casa en casa para lograr el triunfo del NO.
Recuerdo especialmente a los que no estan ahora con nosotros por que perdieron sus vidas bajo un régimen despiadado. Dedico esta nota a mi amigo Mario Martinez semilla de libertad.
Tanto melodrama Burotto, ¿no estarás exagerando? No, rotundamente no, no exagero.
Me niego a aceptar lo que esta pasando, me niego a aceptar que estamos condenados a llamar democracia a un sistema que permite que el voto del pueblo sea torcido por la billetera del poder.
Me niego a aceptar que los parlamentarios son “electos” a la hora de subordinarse al capital de empresarios o grupos económicos y que la elección es solo una ceremonia formal para “legitimar” su investidura.
Me niego a aceptar que el término democracia pueda ser trastocado al extraérsele la ética y como en la antigua alquimia transformarlo en oro.
Me niego a aceptar que los medios dan lo mismo y que solo el fin justifica lo que sea. Eso es un engaño de los predicadores de la sumisión al poder de facto.
Me niego a ser amedrentado para callar la denuncia de la corrupción y el cohecho por que puede venir un supuesto fantasma del populismo, o porque algún militar se puede sublevar. Vayan a meterle miedo a quien no haya conocido y vencido el temor real, ante asesinos reales. No nos venció el miedo antes, no tenemos miedo hoy día.
Me niego a aceptar mas chantajes acerca de la gobernabilidad, la estabilidad o la transición que pretende justificar el silencio o la mentira frente al fraude o la frescura.
Yo digo que no se puede servir a dos señores. O se opta por el pueblo o te sometes a las oligarquías
En la década del sesenta, es cierto, se criticó tanto la democracia formal, que al final terminaron debilitando la democracia substantiva, la de los derechos de las personas. Pero estaba en juego lo mismo que hoy día, la validez del camino del voto para hacer a los pueblos dueños e su destino.
De extinguirse el camino democrático, de convertir en caricatura la opinión de los pueblos, el dilema del voto o el fusil se decantaba hacia las soluciones de fuerza, que tanto han hecho padecer a nuestros pueblos de este continente.
Nuestras generaciones estamos a prueba para demostrar que somos capaces de construir y compartir un orden social, en el cual la justicia, la equidad y la solidaridad son vividas e implementadas con la gente y no contra o a pesar de ella. Y que ese orden de progresiva realización humana (liberación), se hace privilegiando a la persona humana por sobre el capital. A eso le llamamos democracia, a un sistema en donde las mayorías respetando a las minorías dirigen o deciden, y no las oligarquías enquistadas en el poder económico, o político.
Me niego a creer que estoy condenado por que creo en la consecuencia con los valores humanistas de mi credo, a ser aislado por ingenuo, idealista o problemático.
Yo digo que mi actitud es la única práctica y verdaderamente realista, pues propone unir teoría con la práctica y no divorciarlas olvidando los principios.
Y yo te digo a ti que estas indignado que no olvides la esperanza, que hemos pasado momentos peores y hemos demostrado la fortaleza de los pacíficos y la firmeza de los convencidos