sábado 21 de enero de 2012

Ya sé que siempre digo que el tiempo pasa rápido y que no alcanzo a darme cuenta de todo lo que pasa. Que pasamos más tiempo pensando en lo que queremos hacer o tener que en dedicarnos bien a los que estamos haciendo o tenemos. Ahora estos días de verano en que puedo detenerme a hacer un balance del año pasado - porque mi año terminó recién el jueves- y a diferencia de varios de los anteriores este fue particularmente complicado. Más allá de los temas ya conocidos por todos e independiente de los resultados inmediatos, las movilizaciones van a tenernos varios años saliendo a las calles por tantas cosas que en realidad sólo nos estamos acostumbrando. Nos sirvió para eso.
Estamos llegando a ese haz de individualidades que necesariamente deben colapsar en un punto muerto. No hay que ser un gran intelectual ni un periodista mediocre con columna de opinión para entender que el mundo va directo a una transformación sin precedentes.

El 2011 me llevó a participar en el desarrollo de un programa político municipal, en el que junto con conocer gente valiosa con mucho entusiasmo por cambiar la política pude aprender cosas que pensé que iban a costar que llegaran a darse en esta época. Observé detenidamente los gestos de la gente, sus palabras, sus miradas al hablar, esas cosas que con el tiempo he aprendido a discernir: las palabras envueltas de pasión y autenticidad, de las que sólo van por añadidura. Desperté las convicciones de lo que debe ser promovido, de las ideas que hay que llevar adelante los próximos años y aumentaron mis sueños. Mis ganas de dejar huella.

Haber leído, y seguir leyendo El Mercurio todos los días pude ayudarte a comprender para bien y para mal cómo han construido este país los poderosos, explotadores, cínicos, superficiales, contaminados, legitimados, emprendedores. Todo eso que hay detrás del Editorial y en esas odiosas columnas de opinión de muchos personajes sólo ayuda a dejar firmes tus ideas, si es que eres alguien que puede pensar de una manera más independiente. No querer ser como ellos. No querer ese mundo para tu vida y para tu familia. Ese mundo que quiere justicia social pero no a costa de las utilidades, ese mundo que se sigue rindiendo en la pleitesía de los foráneo, imponiendo tendencias vanguardistas que sólo transgreden nuestra identidad real. Ese mundo que quiere igualdad para todos pero no tiene reparos en definir el límite entre la corbata y el delantal. El mundo de autopistas que cerca su burbuja y juega a los temas sociales a través de la caridad, la política y las páginas sociales. Ese mundo que salió a celebrar cuando había ganado Piñera como creyendo que en realidad la concertación fuera su problema. No es resentimiento, No. Es una palabra demasiado compleja. Por eso los voy a seguir leyendo.

Sé que hay muchas cosas que dejaré en blanco en esta entrada, y en este año que se fue. Cosas que en realidad no me interesa vivir. Porque no me pertenecen y porque no.
Puede que la rutina te vaya matando un poquito, pero también te va entregando las oportunidades para llevarla a donde quieras. Pasar quejándose del presente sólo te va a llevar a ser alguien que vive de sus frustraciones, y pasar haciendo las cosas sólo por el futuro te vuelve esclavo de un destino al que no siempre vas a llegar. Por eso desde ahora seré un DESPREOCUPADO (8).

sábado 10 de diciembre de 2011

Escribo esto y vuelvo a la carga

Las historias de vida de gente sencilla, sin mucho ruido. Las de esas personas que tienen una tremenda historia social y politica sin ser un rostro ni un lider. Las historias que todos los días nos entregan las cartas que aun se siguen mandando por correo. Las historias llenas de lugares comunes y de situaciones ya vividas por otros seres, en este planeta y en otros. La capacidad de reducir a un relato breve toda la magnitud de una experiencia única. Las enseñanzas que nos entregan los viejos cansados con esperanza. Aquellas llenas de cursilería y tapabarros. Las que sólo se limitan a poner énfasis en hechos anecdóticos e intrascedentes. Las de la superación personal ante adversidades jamás imaginadas desde nuestra precaria realidad. Las de una país dividido y las que hablan de lo mismo con diferentes tópicos y motivos. Cuando pienso en todas las historias que merecen ser contadas con un estilo particular me dan ganas de recorrer muchos lugares y capturar las más espectaculares, para reducirlas a un relato quizás no tan breve, pero si contundente. Me dan ganas de vivir una vida digna de ser objeto de un relato futuro de otros seres capaces de imaginarme. El mundo entero vive de las historias de los demás. Sin ir más lejos la misma historia. Mira que debe ser bonito ganarse la vida con eso. Me voy a estudiar, será mejor.

sábado 26 de noviembre de 2011

No alcanzó pal titulo

Voy a intentar ser breve, breve como esos poemas consistentes de cuatro versos.
No tengo mucho tiempo. Hace tiempo que escucho canciones parecidas, me gusta la idea de que luego será verano, voy a aprender a cocinar cosas exóticas, aprenderé a bailar salsa, voy a leerme todo, bueno casi. Cambio todo por nada. Volverse nada. Ojalá volar lejos para volver cuando se me pare la raja.

martes 1 de noviembre de 2011

El Colapso

Aun cuando este sea el periodo más asfixiante y limitado que tenga la carrera todos los años, y pese a la cantidad de palabras, frases e ideas discutidas o no que deben ser aprendidas y aprehendidas sistemáticamente, no quiero dejar de pensar inquieto todo lo que he pensado los últimos meses, ni dejar de leer el diario más conservador de este país durante el transcurso sólo para vislumbrar las debilidades de los que han construido la historia oficial, ni quiero dejar de salir a trotar algunas noches ni leer el pensamiento transversal con el fin de comprender de mejor manera lo que está pasando. No quiero tener que echarle la culpa a deidades ni a voluntades ajenas de lo que me pueda suceder, ni quiero que se pasen los días sin un sentido necesario. Quiero seguir con todo este entusiasmo por las cosas, y quiero que el equilibrio suficiente me invada y no se vaya más. Que cuando la libertad transitoria haya llegado pueda sentirme satisfecho de haber vivido y no pospuesto todo lo que me hace bien. Quiero que llames o envies alguna señal intempestivamente en la que sólo tenga que limitarme a llegar y a vivir.







viernes 14 de octubre de 2011

La poesía lo es todo (1)

Desde que me levanto en las mañanas hasta ese momento en el que vuelvo a cerrar los ojos esperando volver a levantarme la próxima. Esos intervalos de tiempo en que miro por la ventana, o el cielo, o a través de una hoja enrollada y veo lo que quiero. Son los puentes, los caminos, el instante de flashback entre una canción y un momento del pasado, la risa contagiosa de mis hermanos, los perros callejeros, las rayas de las veredas y todos los detalles de la vida cotidiana que me obsesionan positivamente. Lo que me hace feliz. Lo que me soporta. Lo que quiero comprender incluso en lo que aparentemente suele ser incomprensible. La cantata de puentes amarillos de Spinetta y esa pequeña libreta en la que anoto mis frases antológicas y definitivas. Es la palabra menguante cuando quiero salirme del contexto. O cuando el contexto determina la volatilidad de mi valoración personal en los demás. Cada color de mis banderas favoritas, esas que con la mayor rigurosidad posible dibujaba en las últimas páginas de mis cuadernos. Incluso la de Arabia Saudita que fue la que más dolores de cabezas provocó.
Son esos instantes en que subo a una micro, o a un bus o medio de transporte en general y mi mente automáticamente pasa a otro lugar completamente abstracto. La música como una compañera fiel y curvilínea. La literatura como la piedra angular. La política un amor imposible que es posible y un placer culpable simultáneamente. Bajar en las mañanas a buscar el diario y subir corriendo a leerlo. La ansiedad que antecede a los grandes compromisos. Esa que describía el mismo Bielsa alguna vez justamente en Concepción. Todos esos días infinitos en los que parece que la vida tiene más sentido que nunca. Creer o no creer.
Los sueños, que por más sencillos sean, son sueños al fin y al cabo. Mis cuadernos en el librero, los que ya se completaron con el tiempo y los que llenos de hojas en blanco esperan ser superados. Anhelan que la tinta los inunde y los desborde. La vida sin ir más lejos.
La guitarra y la constancia en su aprendizaje me hicieron llegar a tocarla definitivamente. Era mi sueño y lo cumplí. Séneca. Los estoicos. Confucio y Shakespeare. Nicanor Parra y Roberto Bolaño. Mi abuelita que me enseñó a sacarme la cresta por lo que quería. Mi abuelita que merece que le escriba toda mi gratitud en un poema. Mi Padres que me enseñaron sin querer todo lo que no tenía que hacer en la vida. Todo el amor que tengo por ellos, y todo lo que nunca les he dicho. La poesía de los días difíciles, la de la adversidad. La que respira la hostilidad y se anima sola a luchar por cada una de las razones. La que te espera hace caleta. La que te sigue esperando. La que un día te verá llegar de la mejor manera.
La de las conclusiones, enfermedades, respuestas, nomenclaturas, décimas, pócimas, etimologías. La que me abraza cuando necesito su abrazo. La que me saca la lengua cuando se hace urgente la burla. La que se libera de todas las ataduras. La que rompe estructuras establecidas. La que en voz baja te dice al oído lo que quieres escuchar. La de las fotografías con mensajes subliminales. La que se llena de emotividad y explota en una extraña mezcla. La que ve en la melancolía un espacio temporal y vital. La que hace un brindis por el buen vino. La que se toma en vasos chicos, la que se toma sin hielo o con bebida. La de mis amigos que saben. La de los que no saben tanto pero son buena gente. La de los cuicos, rotos, fachos, upelientos, moderados, ultrones, neutrales. La que cuenta la historia con una visión particular.
La poesía como el mejor de los fusiles, el arma infalible. La que fue capaz de vencer a tantas dictaduras y a tantas injusticias. La poesía de las redes sociales. La del subjetivismo que intenta posicionarse nuevamente. La poesía que habla de tus ojos, de tus manos, de tu pelo, de tu sonrisa y tu cordura. La que desata tu locura, tu frenesí y te excita. La que pretende ser mejor de lo que es para terminar siendo algo que nunca creyó.
Desde que cierras los ojos y te sumerges en esos parajes desconocidos y misteriosos. La que sube como espuma y se derrite en el verano. La que viene envasada con información nutricional. La que asume conductas modernas y contradictorias. La que construye y destruye en el mismo acto. La que me despierta en las mañanas y me lleva corriendo a donde quiero. La que me entrega la claridad suficiente para afrontar todos los asuntos. La que me compromete con mi tiempo histórico y me lleva a luchar por lo que considero justo. La que me hace amar a las cosas simples. La que me hace concluir que soy feliz porque tengo más cosas de las que necesito para serlo. La que me hace morir de entusiasmo y vivir de anhelos. La que me llevará a hacer todo lo que quiero. La poesía lo es todo.

sábado 1 de octubre de 2011

El sentido de comunidad

Ayer tuve una de esas conversaciones difíciles de olvidar y de no tomar en cuenta. Un funcionario público en su oficina, ya casi al final de su horario de día viernes me recibió para conversar algunos temas de un asunto en el cual estoy participando y debo coordinar, y terminamos hablando de politica, historia, filosofía y de la vida. Siempre supe que íbamos a terminar conversando de lo segundo, que respecto al asunto principal que me llevaba. Y fueron varias horas sin darme cuenta las que estuvimos desclasificando los problemas y elucubrando las respuestas y soluciones.
Siempre me han apasionado las conversaciones con gente que tiene mundo y experiencia. Más que conocimientos técnicos o un gran curriculum. Son esas personas silenciosas aparentemente, las que vienen de esas generaciones un poco cansadas de luchar sus propias causas y que sin embargo siguen tratado de dejar su huella en alguna de estas, por las que más siento respeto. Esa generación de jóvenes de los años 60 que tuvieron una visión de lo que querían como sociedad, que participaban de manera activa en la mayoría de las discusiones importantes de esos años sin que nadie les dijera que no les correspondía estar en eso. Tiempos en que pese a no estar de acuerdo en los planteamientos que se iban generando, las personas estaban dispuestas a escucharse y tomarse en cuenta. Como esas mismas ideas fracasaron, y las formas no fueron las adecuadas para llevarlas a la práctica. Como la historia del poder fue capaz de escribir su propia historia y enseñarnos a nosotros lo de las recientes y presentes aquello fundamental para no cuestionarnos demasiado. Como de a poco la sociedad perdió la noción de lo que era la comunidad, ese nosotros inevitable que debe existir a la hora de trabajar por una idea. Como en Chile las personas empezaron, inmersos en este sistema, a exacerbar el individualismo sobre la idea de servir a un grupo humano desde cualquier labor en la que se hallen. Como el sujeto que se dirige a su trabajo empezó a verlo como la forma de ganarse la vida y asegurar su propio bienestar, y esa idea de que su labor era significativa o valía algo para otros desapareció.

El sistema económico actual, presenta muchas ventajas a las hora de estimular el desarrollo de las personas y de sus grupos humanos, pero si no responde a una idea que debe llevar la sociedad en que convive, inevitablemente lleva a una disgregación social, a un sentido de no pertenencia, a volvernos consumidores y no ciudadanos, a ver a la política como un juego sucio en que sólo los más ricos, poderosos y canallas tienen partido. Nos lleva a olvidar el país que queremos construir para el futuro, me lleva a no soñar con el país por el que quiero dejarlo todo. Dejarle al mercado la tarea encomendada de construir un país, de instruir valores cívicos tarde o temprano nos llevará a una decadencia tal que no podremos ignorar y de la cual no podremos alegar inocencia.
Estuve una tarde conversando en una oficina mi situación actual ante la época en que vivo, hablé sobre mi visión política inmadura y como trabajo día a día por construir mi propio discurso, como soy un observador de las viejas estructuras y de a poco me uno a proyectos que me parecen atractivos. Hablé de todo. Hablé de mi particular visión de superar los problemas del futuro, de como sin darme cuenta empiezo a articular un plan para darle marcha a mi idea. De como espero entrevistarme con muchas personas los años que vienen, y en sus experiencias, anhelos y frustraciones comenzar a construir y a encontrar a los que estén dispuestos a cambiar la política de Chile, y por sobretoda las cosas el sentido de comunidad.

jueves 22 de septiembre de 2011

Asi de simple

Fui y seré. Olvidé y me olvidaron. Comprendí y me comprendieron. Siempre le agradecí a cada persona y a cada lugar las cosas que aprendí. Fui más valiente que cobarde. Pero nunca dejé de tenerle miedo a esa situación inadvertida en la que caen las personas cuando se enamoran profundamente de otra. Por eso fracasé varias veces e intente atribuirle los motivos a cosas que no dependían de mi. Cuando con autocrítica reconocí eso, crecí. Aprendí. Supe que el día en que ya no tuviera ese miedo y me atreviera a vencerlo la espera llegaba a su fin. Los romances sólo me ayudaron a evitar el tema. A sentirme menos inquieto en esa larga espera. Cometí muchos errores y pocos, de verdad muy pocos aciertos. Coloqué en el tiempo las esperanzas, en los días cotidianos y la rutina el envoltorio de las palabras verdaderas.
Siempre la he esperado. Nunca he dejado de esperarla, por más embates y espejismos han sacudido a este individuo. Más que una convicción, un planteamiento inexorable. Morir en esa.
Pudo haber tenido una imagen concreta en algún momento y haberse diluido en el transcurso por diferentes razones. Pero no era no mas, quedaba espera. Sigo en esa, pero ya no como antes. Con los años encontré otros motivos tan importantes como ella, y en eso estoy. Siempre he tenido esa idea interior de que nací para grandes cosas y conforme avanza mi desarrollo personal siento que doy pequeños pasos hacia eso. Mi declaración de principios es incuso un poema. Entretanto voy construyendo y trabajando, inmerso en mi optimismo y entusiasmo, va a llegar sin que me lo cuestione y cuando esté más preparado. Es lo que me deja tranquilo finalmente.
Siempre pensé más en las otras personas que en mi. Siempre fui sincero y nunca jugué con los sentimientos de nadie, ni con las buenas intenciones. Entregué más de lo que recibí sin que me importara demasiado. Sufrí sin querer y porque quise. Pero seguí porque aunque pudiera estar destrozado sabía que era un presente, que era parte de la alternancia. De esa alternancia para la que estoy preparado hoy.
Puedes pensar que eres parte de la espera o el final. Puedes pensar que sólo eres otra persona más y que armo una estrategia para conseguir algo inmediato. Como si viviera siempre de la misma manera. Y sólo puedo decirte que estás en tu derecho a pensarlo. En tu derecho a equivocarte. En el comienzo de la primavera,de tu propia primavera. De mi primavera. Por eso pierdo el miedo y luego, existo.
Mira la foto de mi blog de poesía ¿Qué ves? Si, es cierto. Es lo que quiero. Es lo que a pesar de todo más anhelo. Llegar a esa edad del brazo de la misma mujer. Porque por más altos y bajos que tengan los asuntos, por más interpretaciones que nos puedan hacer pensar las historias que nos van contando y por más fuertes nos creamos frente a nuestras propias decisiones, hay algo que nunca voy a cambiar. Nunca voy a dejar de creer que llegará. De que miraré unos ojos seguros de que me están mirando.




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